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Los recursos del deporte olímpico

España gasta 1.690.000 euros en las primas de sus medallistas

El Comité Olímpico Español abona a los deportistas individuales por la obtención de la medalla de oro un total de 94.000 euros; por la de plata 48.000 y por la de bronce 30.000


En lo que respecta al pago a los deportistas que compiten por parejas o en grupo, la medalla de oro se paga a 75.000 euros, a 37.000 la de plata y a 25.000 la de bronce. En relación a los deportes de equipo, tales como el fútbol o el baloncesto, la medalla de oro se paga a 50.000 euros, la de plata a 29.000 y la de bronce a 18.000. Eso sí, todos los medallistas tendrán que pagar su correspondiente IRPF.

Las primas que reciben los medallistas españoles no son comparables a las fijadas por otros comités olímpicos nacionales. Por ejemplo, los medallistas de oro individuales estadounidenses obtienen unas ganancias de 22.000 euros, los alemanes 20.000 y los franceses 50.000. Sin embargo, otros países como Reino Unido o Suecia no premian a sus atletas por los logros conseguidos con dinero.



Pepu Hernández triunfa con este comentario en directo sobre José Luis Sáez en TVE

El final de los Juegos en Televisión Española tuvo una ácida despedida por parte de Pepu Hernández, comentarista del torneo de baloncesto. 

En la entrega de medallas, el exseleccionador nacional cargó contra el Andaluz José Luis Sáez, expresidente de la Federación Española de Baloncesto: «Hay uno que seguro que le ha fastidiado no ponerse en la foto. Le estoy viendo por ahí abajo y le ha fastidiado mucho. Le gusta mucho ponerse en las fotos, pero ya no puede. Sólo puede en las fotos FIBA, no en las fotos FEB. Qué le vamos a hacer».

Pepu y Sáez mantienen un enfrentamiento desde la salida del entrenador de banquillo de la selección. Por eso, Pepu aprovechó el momento para atacar sin pudor al exdirigente, además de dejar un recado para Jorge Garbajosa, el actual mandatario de la canasta nacional: «Esperemos que se desmarque en todo del expedientado Sáez».



Estados Unidos ganó el oro de Río 2016: apabulló 96-66 a Serbia

El Dream Team de Estados Unidos sumó su tercer oro consecutivo al vencer a Serbia en Río 2016 por 96-66.

Estados Unidos suma su título número 15 en 19 Juegos Olímpicos. Además, llevan 24 partidos sin perder en la historia olímpica, desde que perdió en semifinales de Atenas 2004 ante Argentina.

En general, Estados Unidos lleva 76 partidos seguidos sin perder, 53 de ellos en partidos oficiales.





Krzyzewski dice adiós con siete medallas, por orden cronológico: el bronce en el Mundial 2006 y los oros en el FIBA Americas 2007, los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, el Mundial 2010, los Juegos Olímpicos de Londres 2012, la Copa del Mundo 2014 y los Juegos Olímpicos de Rio 2016. Una increíble racha victoriosa para cerrar su segunda etapa y ceder el testigo a Gregg Popovich, que en octubre fue confirmado como seleccionador estadounidense para el ciclo 2017-20.

Popovich se encontrará con un equipo imbatible, que ha ganado los últimos 53 partidos oficiales que ha disputado (desde el encuentro por el bronce en el Mundial 2006) y, sobre todo, con una estructura que ha recorrido un importante camino en cuanto al compromiso de sus estrellas y en la adaptación al baloncesto FIBA, factores clave en las seis medallas de oro con las que cierra Coach K su segunda etapa al frente del equipo nacional estadounidense.

La selección española de baloncesto celebra el bronce ante Australia

España no se baja del podio

La Selección de baloncesto se impone por la mínima a Australia (88-89) y se lleva el bronce en un partido disputado hasta el último segundo

Por primera vez en Río 2016, España supo negociar los segundos decisivos y se adjudicó la medalla de bronce en un final apretadísimo ante Australia. La revelación del torneo se marcha sin medalla por que España, pese a su mal inicio de campeonato, no se baja del podio. Las derrotas ante Croacia y Brasil condujeron a los hombres de Scariolo por un camino más difícil, con Estados Unidos en semifinales. Así que esta vez tocó bronce.


domingo, septiembre 2

Los hinchas "Más que el fútbol".




Mira a los jugadores de mi equipo. ¡Qué nobleza! Fuera y dentro del campo, ejemplos para la especie.






Una victoria de mi equipo sobre el innombrable otro es más que un resultado en un campo de fútbol, más que el once de mi vida marcando más goles que el enemigo. Una victoria de mi equipo sobre el otro es un triunfo para la humanidad: ganan los valores eternos que los colores de mi equipo encarnan, vence la justicia contra la injusticia, el bien contra el mal, la verdad contra la mentira. 



Porque sí. Sí. Solo hay una verdad. Y si alguna vez gana el otro es porque hizo trampas, porque el árbitro fue comprado, porque durante 90 minutos Dios le cedió el terreno a Satanás. De ninguna manera no mereció ganar. Cualquiera que tenga uso de la razón lo sabe.


Vayamos al detalle. Los goles que marca mi equipo nunca son goles en fuera de juego; los fueras de juego que no pitan cuando marca el otro siempre lo son. Habrá algunos cobardes -esos anémicos comentaristas que dicen ser "neutrales" - que dirán que están en desacuerdo conmigo, o que pese a ver la jugada repetida veinte veces en cámara lenta, y desde todos los ángulos, insisten en que es imposible determinar con absoluta seguridad lo que realmente ocurrió. Mienten. Solo las mentes estrechas, o mezquinas o corruptas no entienden que lo que aquí hay en juego no admite ambigüedades. Esta es la guerra. Si no te defines, no hay perdón.







Mira a los jugadores de mi equipo. ¡Qué nobleza! Fuera y dentro del campo, ejemplos para la especie. Algunos serán argentinos, otros alemanes, croatas, franceses, portugueses, brasileños, catalanes, andaluces, asturianos, manchegos, vascos, canarios, ciudadanos de Camerún. A veces serán ingleses o italianos. Serán altos o bajos, rubios o morenos. Da igual. Visten la camiseta de mi equipo y eso les libra de pecado. Los jugadores del otro equipo son teatreros, son tontos, son envidiosos, gente ruin. Son una visión de un mundo peor.

¡Y cómo juegan los míos! Con finura, con toque, con amor por el balón. Los otros son una ofensa al buen gusto. Ese estilo rústico tan suyo, balones para arriba y a ver qué pasa. Sí. La belleza también es un valor, y el otro equipo representa la fealdad. Y el mejor jugador de mi equipo es el mejor del mundo, y punto; el mejor del otro es un cantamañanas, un pobre acomplejado.

Y fíjate en nuestro entrenador. Un tipo de una honradez escalofriante. No se corta, no se arruga. Cuenta las cosas como son. El otro entrenador…bueno, la hipocresía hecha carne. Tan bueno, él; tan gentil…¡qué asco! Es una víbora. Se viste de santo pero alberga odio en el corazón y todo lo que dice es lo opuesto a lo que cree.







Yo juro ser fiel a mi equipo, a mi iglesia -la única, la apostólica, la verdadera- hasta que la muerte me separe

Los jugadores cambian y los entrenadores cambian también. Incluso a veces cambian de mi equipo al otro, y viceversa. No. No hay grises, no hay ninguna contradicción. Si vienen a mi equipo, sean de donde sean, la camiseta les purga de todo mal. Los santos en el cielo celebran su arrepentimiento, su redención, recuperada visión moral. Los que abandonan mi equipo para el otro, en cambio, son unos traidores, son lo peor de lo peor, son Lúcifer caído -por soberbia e idiotez- al infierno.

O estás conmigo o estás en contra mía. O eres de mi bando o eres del otro. La neutralidad, repito, no existe. En un combate tan primordial, en el que la única comparación viable es la del Catolicismo contra el Islam en tiempos de la Cruzadas, no está permitido elegir mi bando hoy y el otro mañana. Algunos periodistas dicen que sí se puede. Basura. Hay dos tipos de periodistas, y nada más. 







Los que están con mi equipo -gente decente, íntegra, perspicaz- y los que están con el otro -comprados, parte de una siniestra conspiración que obedece a intereses políticos o empresariales-. Los peores son los que intentan disimular, los que dicen que solo son partidarios del "buen fútbol". ¡Bah! Ellos son los más corruptos, los que cobran más por sus mentiras.

Yo no sé ni mentir, ni disimular. Yo juro ser fiel a mi equipo, a mi iglesia -la única, la apostólica, la verdadera- hasta que la muerte me separe. Es quien soy. Es mi identidad. Mi alfa y mi omega. Los del otro equipo, y todos aquellos que cuestionan mi fe, a la hoguera.



JOHN CARLIN




LA ESCLAVITUD QUE NO VES; ¿A qué precio vendes tu vida?